Palabras clave:

Producto Mínimo Viable, MVP, proyectos, agilidad
¿Sueles dilatar el comienzo de un proyecto hasta que todo está bajo control? ¿No te gusta empezar nada si no puedes asegurar la máxima calidad? ¿Sientes que muchos proyectos se quedan en el tintero por ello?

Si sientes que alguna de las preguntas anteriores te define quizá puedas aprender mucho de un concepto nacido del desarrollo de software, el Producto Mínimo Viable (MVP de sus siglas en inglés). Podríamos resumir la filosofía tras este concepto con una frase: “mejor hecho que perfecto”.

¿Qué es el Producto Mínimo Viable?


En desarrollo de software se habla de MVP para referirse a aquel producto que sea lo más sencillo y básico posible sin perder la esencia del producto final que se anhela desarrollar. Dicho de otro modo, es una especie de esbozo del producto final que contiene lo suficiente del mismo como para poder probarlo y obtener información para seguir desarrollándolo.

El concepto Producto Mínimo Viable surge de la metodología Lean Startup, que proporciona todo un marco metodológico de trabajo para cualquier empresa de desarrollo de software, y cada vez se traslada a más sectores fuera del software. Si te interesa saber más puedes leer un fantástico libro de Eric Ries, El método Lean Startup.

En uno de mis podcasts ya introduje este concepto al hablar de las empresas conocidas como Startups, pero me parece un término lo suficientemente interesante como para tratarlo en el blog de forma aislada.

¿Y por qué el concepto MVP es útil en el desarrollo de software?


El MVP es tremendamente útil y valioso en desarrollo de software por muchas razones, pero principalmente porque puede ser probado y puede darnos información para saber si vamos por buen camino. Una vez ha sido probado se analiza la información obtenida que permitirá elegir entre tres opciones:

1. Continuar mejorándolo en ciclos incrementales (denominados iteraciones) de manera que cada ciclo concluya alguna o algunas nuevas características que aporten valor al producto.

2. Cambiar el rumbo hacia un nuevo producto que contendrá algunas características que han resultado interesantes del producto diseñado inicialmente (proceso denominado pivotar).

3. Desistir en el desarrollo del producto antes de emplear más tiempo y, con seguridad, dinero inútilmente.

En el entorno del desarrollo de software tiene mucho sentido trabajar hacia una versión muy preliminar que pueda ser probada y desde ahí decidir qué camino seguir. En muchas ocasiones la empresa que ha encargado el producto no tiene claro que quiere, por lo que probarlo y ver un esbozo del producto final puede aclararles muchas cosas, hasta el punto de llegar a veces a decidir elegir una característica secundaria del producto como la principal a desarrollar.

También tiene mucho sentido el concepto de MVP si estás desarrollando tu propio producto, pues puedes probarlo con usuarios reales y puedes obtener un feedback muy valioso.

En el mundo del videojuego se lleva trabajando de esta forma desde hace mucho tiempo, con versiones resultado de mejoras iterativas denominadas alfa o beta que permiten trabajar y mejorar conceptos clave del producto.

Una puesta en marcha ágil


Orientar el desarrollo de producto hacia algo mucho más pequeño e imperfecto que el producto final hace que la puesta en marcha sea más rápida y con un objetivo más cercano y abarcable.

Es un concepto muy interesante que yo utilizo mucho en mis clases de tecnología. Mi alumnado suele tener ideas muy ambiciosas y generalmente orientar el trabajo hacia ese proyecto suele ser garantía de fracaso. Sin embargo sí que se puede llegar a un producto sorprendentemente ambicioso a base de mejoras incrementales de un producto inicialmente muy básico.

Y también utilizo mucho esta filosofía en mi propia forma de afrontar mis proyectos. Siempre pienso en qué es lo mínimo que me gustaría conseguir y me encamino a ello. Posteriormente busco mejorar algún aspecto concreto, y luego otro, y así hasta que el producto final tiene una calidad aceptable, generalmente mucho mayor de la que esperaba conseguir.

Esta filosofía para trabajos orientados a desarrollar proyectos va muy de la mano del concepto Learning by doing, es decir, aprender haciendo. Al tener una puesta en marcha más ágil y orientada a un producto más abarcable será más sencillo dar el primer paso. Seguramente en cada nueva iteración de mejora haya algo nuevo que aprender, pero el aprendizaje necesario no será ni de lejos tan grande como el que requeriría desarrollar un producto perfecto y totalmente terminado según un alto estándar de calidad, por lo que podemos permitirnos ir aprendiendo sobre la marcha.

Utiliza el Producto Mínimo Viable en tus proyectos


Obviamente, no todo proyecto puede ser desarrollado desde un enfoque de MVP y sucesivas iteraciones, pero muchísimos de nuestros proyectos personales sí que encajan perfectamente en esta filosofía. Y te aseguro que seguirla hace mucho más fácil arrancar y recorrer el camino, te dará seguridad para empezar proyectos que de otra forma desecharías por ser inabarcables.

Veamos algunos posibles ejemplos que yo mismo he seguido.

Puedes plantearte hacer un podcast y que te paralice el miedo a no verte capaz de conseguir la calidad de grandes podcasters… En este caso te recomiendo hacer un primer podcast, grabarlo, decidir algo que puedas mejorar para el siguiente, centrarte en eso, y así sucesivamente. En poco tiempo estarás viendo grandes mejoras. Yo sigo tremendamente insatisfecho con mi podcast, pero en cada uno he pensado en algo que tendría que mejorar y voy andando el camino mientras aprendo, en vez de estar esperando a conseguir el podcast perfecto.

Si lo que quieres es construir tu propio blog, pero te da miedo todo lo que hay que aprender, piensa en lo más pequeño que podrías diseñar y empieza por ahí. No pienses en un gran blog con todo el diseño ya realizado, una maravillosa página de presentación y un montón de temáticas todas agrupadas. Piensa en lo mínimo que te serviría para tu cometido, y desde ahí ve haciéndolo crecer.

Si, por poner un último ejemplo, lo que quieres es aprender alguna destreza nueva también márcate pequeños hitos, piensa en qué es lo mínimo que te gustaría hacer con ese aprendizaje y trabaja en esa dirección. Si finalmente consigues aprender nuevas cosas y acabas convirtiéndote en un experto, perfecto, pero si no es así al menos habrás recorrido una parte del camino.

Ponte en marcha, proyectar no sirve para nada


Mi consejo es que dejes de proyectar cómo debería ser todo el camino y que te pongas en marcha hacia un objetivo menor, aprendiendo lo necesario por el camino. A mí me ha ido muy bien así, tanto como docente como en mis proyectos personales.

Siempre he conseguido aprender mucho de todo camino emprendido, aunque no me haya llevado a ningún sitio concreto. Por el contrario, he obtenido muy poco planificando hasta la saciedad cómo acometer una tarea, prefiero reducir la planificación (pero no eliminarla, ojo) y aumentar el tiempo recorriendo el camino.
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